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Científicos del INIA recogen muestras de espermatozoides del gallo del Curueño para analizar la calidad reproductiva y congelar 101 dosis para un futuro banco de semen. Quieren preservar la especie, única en España, ante los riesgos de la gripe aviar

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Científicos y técnicos de los departamentos de Reproducción Animal y de Mejora Genética del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) del Ministerio de Economía han recogido muestras seminales de gallos de la raza Pardo del Valle del Curueño para poner en marcha una prueba piloto que permita abrir un banco de semen de esta raza, única en el mundo y en peligro de extinción. Los investigadores del centro, cuarto más importante del mundo con material biológico de distintas razas de aves, se desplazaron a León para muestrear 145 gallos de los que 92 dieron una muestra seminal adecuada que ha permitido congelar 101 dosis de esperma. La mitad se utilizará con fines científicos y la otra se mantendrá en el banco de germoplasma del INIA. «El fin es la preservación de una raza singular ante la amenaza de la gripe aviar u otros riesgos como el cambio climático y la aparición de otras enfermedades», asegura el investigación científico del INIA, Julián Santiago Moreno.

Los expertos tienen miedo de que un posible brote de gripe aviar pueda acabar con una raza única de la que actualmente quedan 700 ejemplares en el Valle del Curueño, utilizados para la producción de plumas para la pesca. «El carácter singular de la raza Pardo de León, en la producción de pluma para la fabricación de la ‘mosca’ en el deporte de la pesca, su situación de raza amenazada en peligro de extinción y la amenaza que supone la gripe aviar en Europa, hace perentorio el desarrollo de estrategias, por parte de las administraciones, que garanticen la preservación de la raza con sus diferentes variedades de pluma», asegura Julián Santiago Moreno.

Los tres productores de gallo del Curueño llevan años advirtiendo del riesgo de desaparición de esta raza de gallo autóctono. «Hemos mantenido contacto con todas las administraciones», asegura Tomás Gil, presidente de la Asociación de Productores del gallo del Curueño, «pero no nos hacen caso. Desde la Junta de Castilla y León nos prometieron hace ocho años un banco de semen, pero no se ha hecho nada. Tuvo que ser un veterinario de Valladolid el que nos ayudó hace tres años a incluir al gallo Pardo en el libro de razas españolas», lamenta Gil. Ahora el INIA se interesa por esta raza de gallo leonés. El objetivo de la visita a León es poner en contacto a los ganaderos con técnicas reproductivas que puedan ser utilizadas en un futuro para optimizar sus producciones —posibilidades de testaje de fertilidad de machos reproductores, criopreservación de dosis seminales de gallos de calidad singular, uso de inseminación artificial como estrategia de mejora de las producciones y disminución de la consanguinidad—.

Los técnicos de Madrid analizarán el esperma de los gallos para hacer una valoración inicial de la calidad reproductiva y congelarán unas muestras «testimoniales» que pueden servir de embrión de un futuro banco de germoplasma y «estimular» la implicación de otras administraciones como la Junta de Castilla y León, la Diputación y el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medioambiante «en la promoción y ayuda de actividades de conservación de esta raza, en su área geográfica de origen», asegura Julián Santiago.

Según las directrices de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación), para la gestión de pequeñas poblaciones en peligro se necesitaría congelar un mínimo de 6.544 dosis de semen por cada 20 machos de calidad portada y raza (Pardo de León, Indio de León). «Esto supondría un programa de dos años de trabajo, con periodos de recogida de semen en la época más favorable— de febrero a junio—. Para ese objetivo se requiere la implicación y el apoyo de las administraciones locales, regionales y estatales», asegura Santiago Moreno. «Hace falta apoyo económico», concluye.

Poca producción

Los 700 ejemplares de gallos del Curueño producen plumas para 12.000 mazos (con 12 plumas cada uno) para fabricar ‘moscas’ para la caña de pescar. Es la única utilidad que tienen. Tomás Gil, criador leonés de esta raza de gallo, pide más implicación de las administraciones para potenciar un mercado que podría alcanzar en León los dos millones de euros anuales. «Actualmente ronda los 25.000 euros anuales. Estamos perdiendo el 50% de los 50 millones de moscas que se venden en España», asegura Gil. Los criadores atribuyen este declive a las políticas autonómicas sobre la pesca. «En Castilla y León se han prohibido pescar con cebo y la pesca es si muerte. León es la única provincia que tienen todos sus ríos con pesca sin muerte. Eso ha hecho que bajen las licencias de pescadores. De los 200.000 que había en Castilla y León hace cuatro años ahora hay 40.000». Los criadores piden ayudas para instalar en León el banco de semen y para los criadores. Alimentar un gallo hasta los seis meses cuesta una media de 350 euros. «El gallo tiene que estar seis años en el gallinero para que sea rentable, pero no llegan porque al ser gallos de pelea se matan a los tres años. Pero no los puedes separar porque tienen que estar en libertad y juntos porque es lo que le da el brillo a la pluma, que es lo más apreciado».

Tomás Gil es pesimista con el futuro. «Si no se toman medidas, en seis años desaparece esta raza porque es lo que nos queda a los tres productores para jubilarnos».